La embajada de Chengdu en Madrid: hablamos con el dueño de la tienda de artesanía china más bonita de Moncloa
No es el típico comercio chino. Es lo que encontrarías en un mercado artesano escondido en una ciudad de montaña de la China profunda, pero a diez minutos andando de tu casa. Entramos, nos enamoramos, y decidimos preguntar.

Hay tiendas en las que entras a comprar y tiendas en las que entras y se te va la tarde. Esta es de las segundas.
La descubrimos como se descubren las cosas buenas de una ciudad: pasando por delante. Está en la calle Andrés Mellado, 56, en pleno Chamberí, y lo que nos encontramos dentro fue un sitio lleno de objetos genuinamente curiosos —piezas que no habías visto nunca, que no sabes muy bien qué son y que quieres coger para mirarlas de cerca— y un dueño tan simpático que acabas hablando media hora sin haberte propuesto comprar nada.
Así que nos pareció que había que contarlo.
Y conviene aclarar de qué estamos hablando, porque la palabra «tienda china» en Madrid arrastra una idea equivocada. Esto no tiene nada que ver con el comercio online de importación masiva. Es lo contrario: piezas seleccionadas una a una, artesanía de verdad, objetos con historia detrás. Si alguna vez has querido saber qué se siente al entrar en un mercado artesano de una ciudad de montaña de la China profunda, este es el sitio más cercano que vas a encontrar sin coger un avión.
Una embajada, básicamente. Con jade, seda y bambú tejido a mano.
De Chengdu a Madrid: «supongo que fue un poco el destino»
¿De dónde eres exactamente y cuánto llevas aquí?
«Soy de Chengdu, en la provincia de Sichuan: la ciudad de los pandas gigantes. Llevo casi seis años viviendo en Madrid.»
¿Cómo llegaste? ¿Fue una decisión pensada o pasó sin más?
«Supongo que fue un poco el destino. Después de terminar mis estudios en China trabajé unos años y, en 2020, mi padre me propuso ir al extranjero a estudiar. Acepté encantado, porque desde pequeño siempre había querido salir, conocer otros lugares y descubrir cosas nuevas.
Con una agencia podía elegir entre Italia y España. Al final escogí España por dos motivos. Primero, por el idioma: sentía que el español tenía muchas palabras parecidas al inglés y que quizá me resultaría más accesible. Y segundo, porque, aunque no conocía mucho el país, tenía la impresión de que aquí la gente era amable y cálida. Esa intuición acabó siendo bastante acertada.»
¿Qué te sorprendió más de Madrid, para bien y para mal?
«Para bien, descubrir que aunque China y España tienen culturas y costumbres muy distintas, también compartimos muchas cosas. La gente fue tan amable como yo imaginaba. En momentos en los que tuve alguna dificultad, incluso personas desconocidas se ofrecieron a ayudarme.
Lo más difícil al principio fue el idioma. Una cosa es aprender español en los libros y otra muy distinta llegar aquí y escucharlo en la vida real: cada persona utiliza palabras diferentes, habla con un acento distinto y tiene su propia manera de expresarse. Yo podía comunicar lo que quería decir, pero al principio sí había cierta barrera.»
Si acabas de llegar a Madrid y te reconoces en esto, escribimos una guía sobre cómo encontrar tu sitio en la ciudad: barrios, precios y los códigos que nadie te explica.
¿Hubo algún momento en que pensaste en volverte?
«No recuerdo un momento concreto. Claro que echo de menos mi ciudad, a mi familia y a mis amigos, pero también quiero aprovechar esta etapa para vivir más experiencias en España, conocer a personas diferentes y encontrarme con cosas nuevas. Creo que hay experiencias que no se pueden comprar con dinero.
Quizá algún día vuelva a China, pero España ya es para mí una segunda casa.»
Por qué una tienda de artesanía: la feria del Retiro y unos regalos traídos en avión
«La idea nació de varias experiencias mientras estudiaba en Madrid. Un día fui con unos amigos a una feria del libro en El Retiro y me fijé en que había muy pocos puestos con libros sobre Asia. Casi todo estaba relacionado con Japón o Corea; sobre la cultura china solo encontré tres o cinco libros, y la mayoría eran manuales para aprender chino. Sentí que había muy pocas vías para acercarse a China desde aquí.
También recuerdo mi primera Navidad durante el máster. Quería regalar algo a mis compañeros de clase, pero recorrí muchas tiendas de Madrid sin encontrar detalles que me parecieran adecuados. Al final traje los regalos directamente desde China, en avión, y a mis compañeros les encantaron.
A partir de ahí pensé que sería bonito crear una tienda que acercara la cultura china a la gente de Madrid a través de los objetos y la artesanía. Para mí, además, la tienda es una forma de integrarme en la vida local y de relacionarme cada día con personas de aquí.»
¿Y por qué este barrio? ¿Lo buscaste o te encontró él a ti?
«También fue un poco el destino. Siempre he sentido que he tenido mucha suerte en España.
Al principio encontré un local cerca de la estación de metro Canal. Incluso llegamos a firmar el contrato, pero surgió un problema con la fachada del edificio que no pudimos resolver y tuvimos que renunciar. Entonces contacté de nuevo con la agencia inmobiliaria y justo tenían este espacio disponible. Vinimos a verlo una vez y ese mismo día decidimos quedárnoslo.»
Andrés Mellado está en pleno Chamberí, uno de los barrios con más vida de calle de Madrid y donde, por cierto, está también una de las mejores zonas de tardeo de la ciudad. Buen plan: pasar por la tienda y quedarse por la zona.
¿Cómo fue el primer día?
«Entró bastante gente: vecinos y personas que pasaban por delante. Creo que, por curiosidad, al ver por primera vez una tienda así, muchos entraban casi como si estuvieran visitando un pequeño museo. Ese día vendimos bastantes cosas y fue muy bonito sentir que la gente recibía el proyecto con tanto interés y cariño.»
Lo difícil de tener un negocio pequeño en Madrid
«Lo más difícil son los costes. El alcance natural de un local físico es bastante limitado: los vecinos que viven en un radio de aproximadamente un kilómetro pueden descubrirte, pero mucha gente de otros barrios no tiene la oportunidad de conocerte.
Solo con las ventas físicas es difícil mantener un negocio así. Si estuviéramos en una zona más concurrida, como Gran Vía, seguramente las ventas serían mucho mayores, pero al comienzo de un proyecto los alquileres de esas zonas son imposibles de asumir. Por eso también estamos intentando desarrollar la parte online.»
El jade, o por qué una piedra no es solo una piedra
Si tuvieras que elegir una sola pieza para explicar qué es esto, ¿cuál sería?
«Elegiría una pieza de jade de Hetian. En esencia, no deja de ser una piedra, pero en la cultura china representa mucho más que eso.
Desde hace miles de años el jade ha ocupado un lugar muy especial en China. Su brillo suave, su resistencia y su textura cálida se han relacionado con valores como la serenidad, la honestidad, la fortaleza y la armonía. Existe una idea muy antigua: que una persona puede aspirar a tener las mismas cualidades que el jade, ser firme sin ser agresivo y delicado sin ser débil.
Por eso, cuando alguien compra una pieza de jade, no está comprando solo un objeto bonito. Está llevando consigo una parte de una historia, una forma de entender la belleza y una conexión con la cultura china. Creo que eso resume muy bien lo que queremos hacer en la tienda: acercar objetos que tienen una historia y un significado, no solo una función decorativa.»
Lo que se coge y no se compra, y lo que no se vende ni pagándolo bien
¿Hay algún objeto que la gente coge siempre y luego no compra?
«Sí: nuestros pendientes de bambú. Son piezas muy delicadas, hechas con una técnica tradicional de tejido de bambú. A mucha gente le llaman la atención y los cogen para mirarlos de cerca, porque se nota el trabajo y la precisión que hay detrás. Sin embargo, al final no todo el mundo está dispuesto a pagar el precio que requiere una pieza artesanal.
La artesanía necesita un cliente que no solo compre un objeto, sino que también valore el tiempo, la técnica y la historia que hay detrás.
En cambio, me sorprende que los pequeños regalos se vendan tan bien: marcapáginas, llaveros y otros detalles. Quizá porque tienen un precio más accesible, pero siguen siendo originales y tienen un toque especial.»
¿Qué se pierde comprando online en lugar de tocar las piezas?
«La gran diferencia es poder sentir el objeto de verdad. Hay piezas que se ven bonitas en una pantalla, pero cuando las tienes en las manos, las miras de cerca y notas su peso, su textura o sus pequeños detalles, descubres que son aún más bonitas.
Muchas personas que compran online, al recibir el pedido, nos dicen que les ha gustado incluso más de lo que esperaban. Y creo que quienes solo ven las piezas en una foto quizá no llegan a sentir ese pequeño asombro que produce un objeto cuando lo tienes delante.»
La pieza que no está en venta
«Nuestro sello. Es un sello de latón macizo hecho a medida para la tienda, con la figura de un Pixiu, un animal mitológico chino asociado tradicionalmente a la prosperidad y la protección.
Según las creencias tradicionales del feng shui, este tipo de objeto, especialmente cuando se utiliza para el propio negocio, no se regala ni se vende sin más. Es una pieza muy personal para nosotros. Si a alguien le gusta mucho, puedo ayudarle a encargar uno parecido y personalizado, pero el nuestro se queda en la tienda.»
La gente que entra
«La mayoría de nuestros clientes son personas del barrio y vecinos de la zona. También, poco a poco, cada vez más personas chinas están descubriendo la tienda y se sienten identificadas con ella.
Entra gente de todos los ámbitos y de todas las edades. Creo que, de alguna manera, la tienda también ha ayudado a cambiar una idea que algunas personas tenían sobre los comercios chinos: al principio muchos asocian una tienda china con productos baratos, pero cuando entran aquí descubren otra cosa. Ven la selección, la artesanía, las historias de cada pieza y el cuidado que ponemos en todo.
No puedo decir que ocurra siempre, pero casi todas las personas que entran salen muy contentas. Eso nos hace mucha ilusión.»
¿Qué es lo más raro que te ha pasado en la tienda?
«Más que algo raro, hay una historia que recuerdo con mucho cariño. Una clienta compró una bufanda de seda para regalársela a un familiar. Después de un tiempo volvió expresamente a la tienda para contarme que le había encantado el regalo. Incluso me enseñó una foto de esa persona llevándola puesta.
Me emocionó mucho que volviera solo para compartirlo conmigo. Para mí fue una señal de que el regalo había llegado de verdad a alguien y de que nuestro trabajo había sido valorado.»
¿Te has hecho amigo de algún cliente?
«Sí, de muchos, sobre todo de los vecinos. A veces pasan por delante sin necesidad de comprar nada, pero entran a saludar, a preguntar cómo estoy o a ver qué hay de nuevo.
Por ejemplo, cuando fui a China durante el Año Nuevo chino, muchos vecinos preguntaban por mí: querían saber dónde estaba y cuándo iba a volver. Algunos incluso tenían miedo de que la tienda hubiera cerrado y de que ya no fuera a regresar. Me hizo mucha gracia, pero también me hizo sentir muy acompañado.»
Lo que nadie imagina desde fuera
«Lo mejor, y también lo más inesperado, ha sido conocer a tantas personas buenas. He encontrado gente que me apoya, que entiende el proyecto y que lo siente un poco suyo.
Muchas veces los clientes no solo vienen a comprar: me cuentan cosas de su vida, historias personales, alegrías o preocupaciones. Y yo también comparto con ellos partes de la mía. Ese intercambio humano es algo muy bonito y, desde fuera, quizá nadie imagina que una tienda puede llegar a ser también un lugar así.»
¿Qué le dirías a alguien que se está planteando abrir algo en Madrid ahora?
«Dos cosas. La primera: trata a cada cliente con sinceridad. Es algo sencillo, pero creo que se nota y, con el tiempo, crea confianza.
La segunda: hay que atreverse. Hay que intentar hacer las cosas lo mejor posible, sin saber exactamente cuál será el resultado. A veces llegan cosas que no esperabas. Incluso si el camino no sale como habías imaginado, la experiencia, las personas que conoces y todo lo que aprendes ya son una ganancia muy grande.»
Si un día tuvieras que cerrar, ¿qué echarías más de menos?
«Lo he pensado muchas veces, y creo que echaría más de menos a nuestros clientes, vecinos y amigos.
No solo están las personas que entran en la tienda. También están los clientes online. Cada día hago directos para enseñar los productos, y gracias a ellos he conocido a personas de lugares muy distintos de España: Bilbao y otras ciudades del País Vasco, Vigo, A Coruña, Barcelona, Sevilla, Alicante, Gran Canaria… de norte a sur.
Muchas de esas personas se conectan a los directos, hablamos, nos reímos y compartimos buenos momentos. Han sido muy cariñosos conmigo. Por eso siempre digo que he tenido mucha suerte en España. Si algún día tuviera que cerrar, lo que más echaría de menos sería precisamente esa comunidad.»
Hay una parte de esta entrevista que nos ha dejado pensando. Una tienda donde los vecinos entran solo a saludar. Donde una clienta vuelve semanas después únicamente para enseñarte una foto. Donde el barrio entero se preocupa cuando el dueño se va unos días a su país.
Eso ya no es comercio: es uno de esos sitios que sostienen un barrio y que, poco a poco, están desapareciendo de las ciudades. Escribimos sobre ello aquí: Arquitectos de la soledad. Y sobre por qué hace falta construir sitios así a mano, en nuestro manifiesto.
Dónde encontrarla
- Dirección: Calle Andrés Mellado, 56 — Chamberí, Madrid
- Metro: Islas Filipinas, Canal o Moncloa
- Online: hace directos casi a diario para enseñar las piezas
- Qué encontrarás: jade de Hetian, seda, pendientes de bambú tejidos a mano, marcapáginas, llaveros y objetos que no vas a ver en ningún otro sitio de Madrid.
Si pasas por delante, entra. Aunque no compres nada. Es de esos sitios donde te van a tratar bien igualmente.
Sigue por el barrio
Compras en Chueca: tiendas con alma
Otras tiendas del barrio que merecen que entres aunque no compres nada.
VER LA GUÍA →Tardeo en Madrid: las zonas que de verdad funcionan
Chamberí es una de ellas. Qué es el tardeo, a qué hora y dónde se hace bien.
LEER →