Madrid es una máquina de generar soledad si no estás atento
Un año de PrideChueca contado por dentro: cómo una comunidad se convierte en la plaza del pueblo que resiste cuando la ciudad, líquida, se lo lleva todo por delante.
PrideChueca es, al final, una plaza de pueblo dentro de una gran ciudad. Un espacio en el barrio de Chueca, en Madrid, donde la gente puede llegar y dejarse ver. Nació como una comunidad LGTBI+ muy activa y hoy es sobre todo una respuesta a un problema concreto: la soledad urbana que genera una ciudad donde todo cambia de sitio menos las personas que decides conservar.
Este año ha sido intenso y bonito. Han pasado muchas cosas, pero si tuviéramos que quedarnos con una, sería la conexión que hemos tejido: cómo hemos acogido a gente que venía sola. Especialmente durante el MADO, el Orgullo de Madrid, cuando la ciudad se llena de personas que llegan sin conocer a nadie. Pero también el resto del año, callado, sin focos. Hemos creado ese sitio donde alguien puede aparecer por primera vez y, sin más requisito que ser de verdad, formar parte.
El problema real de Madrid: la liquidez
Madrid tiene muchas virtudes, pero uno de sus grandes problemas es la liquidez que contiene. Y no hablamos de dinero: hablamos de que nada se queda quieto. Vives en tu barrio y, de repente, las condiciones te echan. Te sube el alquiler. Te cambias de piso porque por fin compras en otro lado. Cambian tus compañeros de piso. Y ese lugar bonito que tenías —esa cafetería de la esquina donde ya te conocían— desaparece de tu vida. Un barrio nuevo, y otra vez eres un desconocido en otra parte.
Pero incluso si resistes sin mudarte, los vientos no soplan a tu favor. Porque probablemente los que se vayan sean tus vecinos. Y por si fuera poco, un local cierra porque no puede pagar los precios. Otro cierra porque han visto que es más rentable el alquiler vacacional. Que no se nos malinterprete: los turistas nos parecen perfecto. Si no, no tendríamos sección internacional, porque no todo el que viene lo hace para quedarse, y acoger al que llega de fuera es parte de lo que somos.
El problema no es ninguna de esas cosas por separado. Es todo junto. Sumado, genera una liquidez enorme: una vida donde todo se te escapa de las manos y, poco a poco, vas perdiendo la conexión con la vida de la ciudad. Sin que te des cuenta.
Por qué la comunidad sobrevive a la geografía
Por eso, aunque toda la infraestructura cambie, nuestro grupo sigue siempre activo, conectando a la gente como siempre. Porque aunque te mudes, sabes que hay una plaza en la que dejarte caer. Alguien escribe «¿hay alguien para un café?» y se busca un sitio donde reunirse. La geografía se ha roto, pero las conexiones siguen más vivas que nunca. Si cierra un local de juegos de mesa, nos vamos a otro. Así de sencillo. Y así de complicado, si esto no hubiera existido jamás.
Porque Madrid es una ciudad preciosa, pero como toda gran ciudad, es una máquina generadora de soledad si no estás atento. Todo cambia deprisa, y con los tiempos modernos es fácil refugiarse en una pantalla de cualquier tipo. Ahí empieza el proceso: te despistas un poco, rellenas unas horas en tu pantalla favorita, y cuando te das cuenta ese tiempo va creciendo. Y cada hora ahí es una oportunidad menos de reconectarte con la vida, con el lugar, con la gente. La soledad no llega de golpe. Llega por acumulación, sin avisar.
Dimos forma también al espacio de las chicas
Al principio teníamos una comunidad gay muy activa, y en algún momento nos dimos cuenta de algo: había pocos espacios para chicas. Así que decidimos darle forma también a esa parte. Y no lo hicimos solos. Unas personas bonitas se ofrecieron a ayudarnos a dinamizar toda la sección de ellas: coordinaron, cuidaron, mantuvieron la armonía. Sin ellas, sencillamente, no habría sido posible sostener esta vitalidad. Lo decimos claro porque es verdad: hay cosas que solo pasan cuando alguien decide poner su tiempo y su cariño en que pasen.
Y hubo eventos muy bonitos. Quedadas solo de chicos. Quedadas solo de lesbianas. Fiestas. Noches de juegos de mesa. Quedadas de chicos y chicas. Poco a poco, viéndolo funcionar, nos dimos cuenta de que estábamos en el camino correcto. Que la gente puede cambiar de barrio, pero que nosotros somos esa plaza donde siempre están los tuyos.
La ciudad se mueve. Los locales abren y cierran. Los alquileres suben y la gente se muda. Pero la plaza no es un sitio en el mapa: es la gente que la forma. Por eso puede cambiar de dirección mil veces y seguir siendo, siempre, el mismo lugar.
Eso es PrideChueca. No un local, no una dirección, no un cartel. Una comunidad que hace de infraestructura emocional en una ciudad diseñada para dispersarte. Un sitio al que volver cuando todo lo demás se ha movido de sitio. Si te acabas de mudar a Madrid, si el barrio ya no es lo que era, si llevas demasiadas tardes seguidas mirando una pantalla: esto existe, y es exactamente para eso.
