Restaurante her hermosilla

Opinión restaurante HER, Hermosilla

Cruzando la frontera: Turismo en Salamanca, el milagro de Ángel en HER y una pizza para dominarlos a todos

A veces, solo a veces, nos quitamos el pasaporte de la República Independiente de Chueca y hacemos turismo de interior por Madrid. Porque el nombre de la web nos encasilla un poco, sí, pero la sed de asfalto y de buen comer no entiende de códigos postales.

Hay una ley no escrita en esta ciudad que dice que, si te sales de tu barrio, más te vale que sea por una buena razón. Nosotros, que defendemos las aceras del distrito Centro como si nos pagaran por pisarlas, de vez en cuando sentimos la llamada de lo salvaje. Nótese la fina ironía: cruzar la Castellana hacia el Barrio de Salamanca no es exactamente irse a la selva, pero oye, para nosotros es hacer turismo de frontera. Madrid es inabarcable y nos apasiona en todas sus esquinas, así que cuando el hambre aprieta y la brújula se desvía, nosotros nos dejamos llevar.

El otro día, en uno de esos arrebatos de exploradores urbanos, acabamos plantándonos en el número 4 de la calle de Hermosilla, justo haciendo esquina. Allí se levanta HER. Un sitio del que no teníamos referencias directas pero que, por azares del destino y de los estómagos vacíos, se cruzó en nuestro camino. Y como en esta casa somos de verbo fácil y nos quemaba la lengua, teníamos que contároslo con pelos y señales.

1. Llegar a deshora y el pacto de caballeros

Vamos a empezar entonando el mea culpa. Las cosas como son: nos presentamos en la puerta del local de una forma un poco indecente. Sin reserva, con la hora pegada al cuello y con esa cara de desesperación que se te queda cuando sabes que te mereces un «no» rotundo. En el Madrid de las listas de espera de tres meses y las reservas con tarjeta de crédito como fianza, aparecer a las bravas en un sitio de moda de Hermosilla es jugar a la ruleta rusa con el cargador lleno.

Y aquí es donde entra en escena Ángel. Ángel no es solo un camarero; Ángel fue nuestro Moisés abriendo las aguas del Mar Rojo. A pesar de nuestra intempestiva llegada, se sacó de la manga un hueco in extremis para que pudiéramos sentarnos. Hubo un trato, por supuesto: el compromiso inquebrantable por nuestra parte de levar el ancla y dejar la mesa libre antes de que llegara la reserva legítima.

Se agradece, y mucho, que en la hostelería de hoy en día alguien te mire a los ojos y decida confiar en tu palabra sin haberte visto en la vida. Dice muchísimo del talante del local y, sobre todo, de la categoría humana de quien te atiende.

Una vez sentados, con el pulso ya normalizado y la certeza de que íbamos a comer caliente, nos pusimos a diseccionar la carta. Y aquí viene mi segunda confesión del artículo.

2. Sectarizado por la circunferencia italiana 🍕

En general, echando un vistazo rápido, toda la oferta gastronómica de HER es increíble. Tienen una variedad que te hace dudar, de esas que invitan a pedir al centro y probar de todo un poco. Mis acompañantes, seres racionales y con amplitud de miras culinarias, hicieron sus deberes y pidieron platos elaborados con nombres que sonaban estupendamente bien.

Pero yo no. Yo soy un fundamentalista de la masa. Un hooligan del tomate San Marzano. Como gran fanático de la pizza que soy, en cuanto vi que había opciones circulares en la carta, mi cerebro apagó cualquier otra función cognitiva. Fui a por ella como un misil teledirigido.

Os voy a ser completamente franco: no presté ni la más mínima atención a lo que estaban comiendo mis amigos. Sé, porque me lo decían con la boca llena, que los otros platos estaban espectaculares. El resto de comensales de la mesa estaban absolutamente encantados con lo que habían pedido. Las opiniones volaban de un lado a otro de la mesa llenas de halagos. Pero como en esta web tenemos por norma no hablar de lo que no hemos probado personalmente, tendréis que fiaros de su criterio de oídas, porque yo estaba en trance.

Lo que me voló la cabeza fue cómo un restaurante que no se dedica en exclusividad a las pizzas, que no es una pizzería napolitana de manual, puede sacar de sus hornos un resultado tan magnífico. La textura, el equilibrio de los ingredientes, el borde… Impresionantes. De verdad. Entré esperando una pizza de compromiso para salir del paso y me encontré con una obra de arte que me hizo ignorar al resto de la humanidad durante veinte minutos.

3. El manifiesto del cliente fantasma

Hagamos un pequeño inciso que nos parece vital aclarar. Cuando os decimos que el trato de Ángel fue excepcional, queremos que sepáis que fue genuino. En esta casa practicamos la religión del cliente fantasma. Siempre vamos de incógnito.

No nos presentamos enseñando la tarjeta de la web, ni mandamos correos pidiendo mesas gratis a cambio de visibilidad, ni hacemos el ridículo grabando tiktoks con aros de luz molestando al resto de mesas. Queremos que la experiencia que vivimos nosotros sea exactamente la misma experiencia real que va a vivir cualquier ciudadano o visitante de Madrid que cruce esa puerta.

No hemos recibido ningún trato de favor por tener este altavoz. Llegamos con prisa, pedimos nuestra comida, pagamos nuestra cuenta religiosamente, nos levantamos dando las gracias y nos vamos. Y publicamos nuestras impresiones días, o a veces semanas después, para asegurarnos de que el restaurante no pueda siquiera asociar nuestra visita con este texto. Nos gusta esa independencia. Es la única manera de poder miraros a la cara (digitalmente hablando) y deciros: «Id, porque merece la pena».

El veredicto final: Lluvia de doblones

Como el restaurante nos ha encantado y la pizza me ha reconciliado con el mundo, os hablamos de él. Salir de nuestra zona de confort y abandonar las fronteras de Chueca de vez en cuando tiene estos premios.

Y como el trato de nuestro querido Ángel fue de matrícula de honor, queremos agradecérselo desde aquí. No es común en una ciudad que a veces va demasiado deprisa que alguien se porte tan bien, te acomode sin juzgar tu mala planificación y te atienda con una sonrisa de principio a fin.

Así que nuestra forma de devolverles el favor y la recomendación oficial de la Tribu es la siguiente: Si vais al restaurante HER, enterrad a los camareros en propinas. Haced que llueva el metal. Echadle unos buenos doblones de oro sobre la mesa, o sestercios romanos, o billetes doblados, o la divisa que estéis usando ahora mismo para sobrevivir a la inflación. Y que quede claro: añadimos al resto del equipo de sala en este clamor popular, porque el resto de camareros también fueron geniales y el mérito es de todo el barco.

¿Nos pasamos los soplos por debajo de la mesa? 🤫

Ya sabéis que lo que publicamos aquí es solo la punta del iceberg. Las recomendaciones más canallas, las fiestas que no salen en los carteles y los debates sobre dónde tomarse el mejor vermut de la ciudad sin que te cobren el aire que respiras, los llevamos en privado.

Si eres de las que disfrutan del salseo local y quieres enterarte de todo antes que nadie, pídete la última copa con nosotras. Únete al canal secreto de Telegram de la Tribu Chueca. Que lo que pasa en Madrid, se queda en la Tribu.

0 0 votis
Article Rating
Subscribe
Notify of
guest
0 Comentarios
Oldest
Newest Most Voted
Inline Feedbacks
Ver todos los comentarios
0
Tu voz cuenta en nuestra comunidadx
()
x