MADO 2026: la crónica honesta de un Orgullo que se nos ha quedado grande (y de los 24 euros que no cuadran)
Hemos tardado en sentarnos a escribir esto porque desde que acabó el MADO no hemos parado ni un día. Ahora, con el barrio ya recuperado y la resaca colectiva superada, toca el balance. Sin postureo y sin peloteo.
Opinión · PrideChueca · Julio de 2026
Empecemos por lo obvio, por eso que todos sabemos y que nadie dice del todo en voz alta: gente. Muchísima gente. Por todas partes. Está muy bien el éxito que tiene esto y es genial celebrarlo, pero seamos claros entre nosotros: Chueca no está preparado para esta cantidad de gente.
Y no lo decimos desde el pijerío del que se queja de que su barrio se llene. Lo decimos porque hay momentos en los que la cosa se vuelve sencillamente excesiva. Vas por Hortaleza y no avanzas. Intentas cruzar la plaza y te lo replanteas. Es un evento divertidísimo, de los mejores del año, pero hay ratos en los que lo único que quieres es salir de ahí huyendo a toda mecha, meterte en una calle lateral y respirar. Eso también es el Orgullo, y también hay que contarlo.
La Carrera de Tacones: divertidísima, si mides lo suficiente
La carrera fue una gozada, como siempre. Pero aplicando el párrafo anterior: si no mides un mínimo, no vas a ver absolutamente nada. La saturación en la calle es máxima y ahí no hay hueco que valga. Consejo para el año que viene, y va en serio: o llegas un buen rato antes a guardarte sitio, o te conformas con ver los tacones por encima de las cabezas ajenas. No hay término medio.
El laberinto: cuando tu hotel está ahí al lado pero no puedes llegar
Esto merece capítulo aparte porque pilló a mucha gente por sorpresa. Para mantener el flujo de personas, la policía tenía las calles vetadas según la dirección. Y ojo, que no hablamos de coches: hablamos de tráfico andando. Algunas calles tenían sentido obligatorio y no podías darte la vuelta.
El resultado es que aunque tu hotel esté literalmente a cincuenta metros, si es en la dirección incorrecta, no puedes ir. Te toca rodear media Chueca hasta encontrar la calle que te deja entrar. Y aquí viene lo interesante: funcionó. De verdad que ayudó muchísimo a que la cosa no colapsara del todo. Pero por momentos se convertía en un laberinto en el que veías tu destino a la vuelta de la esquina y no había forma humana de llegar hasta él. Si venís el año que viene, contad con esto al calcular tiempos.
Y ahora, los 24 euros
Con los locales hubo de todo. Algunos nos trataron estupendamente, con esa amabilidad de barrio que es la razón por la que estamos aquí. Y otros… bueno. Qué decir.
En uno pedimos una Coca-Cola y una copa. Nos cobraron 24 euros.
Hemos intentado encontrarle una combinación razonable a ese precio y no hay manera. ¿Tres euros la Coca-Cola y veintiuno la copa? ¿Siete la Coca-Cola y diecisiete la copa? Hagas el reparto que hagas, no sale ningún número que tenga sentido. Y eso nos hace pensar que en estas fechas hay cierta pillería suelta.
No vamos a dar el nombre del local. Y no lo damos por dos razones. La primera, porque tampoco queremos acusar a nadie sin pruebas: quizá esos precios absurdos sean sus precios de todos los días y aquí el ingenuo sea el que no miró la carta. La segunda, porque hay un detalle que nos hace dudar: estábamos hablando en inglés. Con toda la gente extranjera que se acercó al grupo durante esos días, buena parte de nuestras conversaciones fueron en inglés, lo que perfectamente pudo dar a entender que no éramos de aquí.
Así que lo dejamos en un consejo, sin más énfasis y sin señalar a nadie: si venís al Orgullo, revisad bien la carta de precios antes de pedir. Especialmente si eres turista. Y muy especialmente si te oyen hablar en otro idioma.
Lo que sí funcionó (que fue casi todo)
En lo demás, muy bien. Todo salió sin contratiempos, todo muy bonito y bastante bien organizado, y eso tiene más mérito del que parece: gestionar algo que se ha vuelto monstruoso en sus dimensiones no es sencillo. Los eventos, divertidos. La organización, sólida. La sensación general, buena.
Pero ya que estamos, una petición al Ayuntamiento, dicha con cariño y sin ánimo de dar lecciones: que no descarten llevar algún que otro evento grueso más allá de la M30. Cada vez tenemos menos espacio en el centro de la ciudad, y hay muchos barrios con ganas de fiesta y con sitio para acogerla. Repartir un poco el peso beneficiaría a todos: al que quiere fiesta grande, al que quiere fiesta tranquila y al vecino que este año no ha podido llegar a su portal en tres días.
Y lo nuestro: la parte que no sale en las fotos
Respecto de nuestra propia actividad estos días, hemos de decir que lo mejor de todo, con diferencia, ha sido la conexión internacional que se ha creado. Ver cómo gente de países distintos se juntaba para ayudarse, para acompañarse y para apoyarse los unos a los otros ha sido, sinceramente, lo más bonito del Orgullo entero.
Hemos conocido a gente muy interesante que además se ha quedado. No de paso: como amistades. Y eso significa algo muy concreto y muy poco frecuente: que ahora hay quien tiene un sitio seguro en un país que no es el suyo, y que nosotros también lo tenemos en el suyo. Alguien a quien escribir si aterrizas en su ciudad. Alguien que te dice dónde ir y con quién.
De eso va todo esto, en realidad. Las carrozas pasan, la música se apaga y el barrio vuelve a su tamaño normal. Lo que queda son los nombres que ahora tienes en el móvil y la certeza de que en cinco ciudades distintas hay alguien que te abriría la puerta. El Orgullo dura una semana. Eso otro dura mucho más.
Nada más que agradeceros a todos los que habéis estado de algún modo con nosotros estos días.
Nos vemos en los bares.
Para la próxima
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